GRAN LEGADO DEJAN CASTILLO Y VALBUENA

Andriw Sánchez Ruiz | Prensa LVBP

Caracas.- José Castillo bromeó toda la tarde en el Estadio Universitario. No había nada especial para él. Era un día más en el trabajo, uno que sabía hacer tan bien que solo necesitó tiempo para convertirse en uno de los bateadores más emblemáticos en la historia de la LVBP.

Vestía los colores del Cardenales de Lara, pero caminaba por el diamante caraqueño como si fuese la casa de su niñez. Siempre expresó su gusto por jugar allí, con el Ávila como espectador lejano. Conocía bien los rincones del lugar. Allí dio sus primeros pasos como pelotero, con Leones del Caracas. Por eso no se extravió, y tampoco sintió timidez, al entrar al clubhouse de los melenudos.

Gozaba relajarse. Entregarse a la distensión del carácter. En su visita a los melenudos le quitó un bate a Harold Castro. “Para dar el hit 2.000”, soltó con simpatía.

Luis Valbuena también estuvo allí, en el Universitario. Un poco más alejado. No se sumergía en las intimidades del adversario de turno, aunque –como todo hombre carismático y con ascendencia- habló con cada uno de los colegas que se topó y no importaba si iban de amarillo león o de rojo cardenal. Siempre trató de poner la “cosa buena”.

El último juego de ambos se acerca a la identidad que mostraron durante tantos años en los campos. Castillo, hitteador por naturaleza, con movimientos sueltos al correr y poco agraciados, aunque rebosante de ganas, pegó tres cohetes en cuatro turnos. Los dio por arriba y abajo, a la izquierda y al centro. Sin querer, y seguramente él nunca pensó que sería, Deiner López lo despidió con cariño y para siempre de los terrenos, al suplantarlo como corredor emergente en la inicial.

Valbuena era un bateador diferente al guariqueño joseador. Se caracterizaba por sus líneas contundentes y elegancia para soltar el bate, “bat flip” le dicen en Estados Unidos. Para cualquier otro pelotero esa floritura que hacía el de Caja Seca no hubiese sido bien vista. A él le lucía. Era parte de su ser, de su manera de jugar. Falló tres veces contra Leones, pero dio un incogible muy a su estilo: Duro, a la pradera derecha y con garbo en su andar.

Si hay que recordarlos a ambos ahora o mañana, es bueno tener en la memoria ese juego del jueves 6 de diciembre, poco antes de que la fragilidad de la vida cediera a la tensión de la realidad.

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